domingo, 13 de diciembre de 2015

Quiere Marx quitarme mi Iphone

No obstante que una sociedad igualitaria crea mejores condiciones de vida para todos, hay quienes ven en el establecimiento de un estado igualitario, el final de la civilización.

Establecer condiciones de igualdad social, solo puede ser posible por medio del único ente que trasciende y comprende a la vez, a todos los seres que componen la sociedad: El Estado.

El mecanismo mediante el cual el estado puede hacerse con los recursos para emprender una acción política con el fin de abatir las injusticias sociales, es la recaudación fiscal progresiva, es decir, paga más, quien más gana.

Los recursos así obtenidos se destinan al financiamiento de la educación y salud pública y gratuita, y no sólo a la seguridad pública, como pretenden lo que se oponen a un estado de bienestar social, los neoliberales.

Porque destinar cada vez mayores recursos en seguridad pública, tomando en consideración que los delitos patrimoniales son los de mayor incidencia, terminaría por subsidiar al estrato más alto de la sociedad, al ser el que más tiene que perder.

Huelga decir, que un un entorno de pleno empleo y seguridad social, la tasa de criminalidad suele desplomarse, por el contrario, en un contexto de fragilidad laboral y económica, en escenarios de gran concentración de la riqueza en detrimento de la mayoría de la población tiende a incrementarse.

Tomo por ejemplo de lo anterior a la ciudad de Viena, acostumbrado de que en nuestro país la discusión sobre la seguridad, la dominen temas como el alumbrado público y un incesante, como dispendioso patrullaje, quede sorprendido de la oscuridad en las calles de la capital Austrica y su casi nula presencia policiaca.

No se puede más que concluir--que no podría ser de otra manera--en una ciudad (Viena) donde no existe la segregación social, donde ricos viven junto a trabajadores, porque la pobreza tal y como la conocemos en México no existe, precisamente por eso, porque las condiciones laborales son favorables al trabajador y además existe empleo, la seguridad es un tema resuelto como consecuencia de aquello.

Pese a lo evidente que resulta lo precedente, hay quienes insisten en sostener falsas teorías, otros llegan a responder que la idea de una sociedad justa es buena, incluso deseable, pero es solo eso, una idea, que no es posible poner en práctica en la realidad por sus costos, ya que el mundo “funciona” de otra manera, y todos tenemos que pagar por él, por eso es necesario privatizar todos los bienes y servicios a cargo del estado, lo paradójico es que este realismo y falsa responsabilidad, desaparece cada vez que hablamos de aumentar las tasas impositivas sobre el capital ocioso.

La expresión que se opone al estado de bienestar, esto es, a la educación, salud y servicios públicos gratuitos, como parte de la responsabilidad del estado y por ende a una mayor carga fiscal sobre los que más tienen para financiarlos, como ya mencioné, se llama Neoliberalismo, en el fondo, un conservadurismo, ya que tiende a proteger a los más ricos y coloca en condiciones azarosas a los que menos tienen.

Los neoliberales han explorado toda clase de argumentos con el propósito de justificar su codicia, desde el punto de vista ético, han usado la libertad de todo individuo a ser dueño del producto de su trabajo, en principio, nadie podría estar en desacuerdo con esto, el problema radica en que no todos tienen trabajo y el trabajo de muchos apenas da para garantizar un día de alimentación, por lo cual, no puede existir libertad, si las alternativas de los trabajadores, quedan enteramente en manos de su empleador que puede imponer cualquier tipo de condición.

Otra argumento que acostumbran invocar los neoliberales, es atribuir todo progreso material y tecnológico a la concentración de la riqueza, lo cual no es cierto, porque desconoce la contribución que millones de trabajadores realizaron para tal propósito y porque las condiciones para que la vida empresarial fuera posible sólo se lograron, después de que el estado, es decir, el conjunto de la sociedad, dotará a los emprendedores de las mejores condiciones para su desarrollo, efectuando las inversiones más riesgosas, al respecto Mariana Mazzucato en The Entrepreneurial State: debunking public vs. private sector myths, es contundente demostrando lo anterior.

Matizando, un sistema fiscal progresivo, no tiene porque ser confiscatorio, actúa simplemente en función de un principio muy básico, quienes mayores beneficios obtienen de la sociedad, más deben devolverle a ella.

La dificultad para procesar cualquier idea justicia social y de redistribución material radica en la errada creencia de que todos los bienes presentes y futuros, les pertenecen por entero a los neoliberales, aún aquellos que ni siquiera está en su posibilidad retener legítimamente, como es el caso de los impuestos, de aquí que vean como un robo a su persona, el usar la vía impositiva.

Por esto, hablar de un estado socialista de bienestar en el siglo 21, no involucra la expropiación de los bienes particulares de la mayoría de la población, sino la recuperación del papel del estado en el diseño de un marco jurídico e impositivo igualitario.

sotelo27@me.com





domingo, 8 de noviembre de 2015

La Amabilidad.

Es posible encontrar dentro de las reflexiones de un filósofo pesimista como Schopenhauer, algunas a las que se les conceda un tono diferenciado al acostumbrado, por ejemplo, cuando se ocupa de los animales hacia los cuales tenía en gran aprecio y a ciertas reglas del trato entre los humanos, cuando ya no hay más remedio, a propósito de esto último escribiría: 

"La amabilidad es como una almohadilla, que aunque no tenga nada por dentro, por lo menos amortigua los embates de la vida".

Podremos no estar de acuerdo con Schopenhauer sobre la verdad de la cuádruple raíz del principio de razón suficiente que sustenta su filosofía, pero la verdad de que la amabilidad amortigua los golpes de la vida resulta tan clara y cierta, que pocos se atreverán a negarla.

En mi opinión, Schopenhauer, bajo la influencia de Kant, identifica la amabilidad con la experiencia estética, la cual se caracteriza por ser una finalidad sin fin, lo que provoca un sentimiento de agrado desinteresado.

Al igual que con la contemplación de la belleza, la estructura de las emociones implicadas en la experiencia de la amabilidad es de tal naturaleza, que se es amable, porque ella misma es causa y motivo de la satisfacción que provoca.

En un sentido más amplio y haciendo excepción de los psicópatas, es innegable que no podemos sustraernos de las reacciones que provocan nuestras acciones en nuestros semejantes.

Al respecto, recientes investigaciones científicas corroboran esta afirmación cuando señalan, que existen las llamadas neuronas espejo, que se localizan en la zona parietal inferior de nuestro cerebro, que se activan cuando una persona desarrolla la misma actividad que está observando ejecutar por otro individuo.

No obstante, la falta de reflexión, producto de una vida sumergida en una constante sucesión de eventos, no permite meditar en el significado de lo que hacemos, ni dotar de un sentido de continuidad a nuestras acciones, burlando de esta manera, la evolución de los procesos biológicos que posibilitan la empatía social, con la consecuencia de haber hecho de este mundo, un infierno alimentado con nuestra agresividad.

Nos encontramos en una encrucijada como sociedad, es difícil convencer a alguien de ser amable, cuando se encuentra asediado de problemas sociales y personales, cuando menos el estado de ánimo, no se está muchas veces para eso.

Pero  existe una ventaja, adicionalmente a sus cualidades esenciales, la amabilidad tiene también la de ser un hábito, que si es cultivado, operará automáticamente, podemos empezar con esto, la amabilidad como tal, no requiere más señas de autenticidad, por tanto podemos de cimentar algunas reglas de urbanidad.

Con la amabilidad aplica la ecuación ganar-ganar, porque no sólo nos permite sentirnos mejor, sino que además, creamos una dinámica social más sana, lo que nos ayudará a procesar y sino cuando menos a sobrellevar cualquier dificultad; no solemos imaginar nunca lo que un gesto amable puede originar, al igual que lo que un gesto agresivo puede desencadenar en la vida de demás.

Entiendo que pueda existir quien crea, que lo que le pase a otros no es su problema, por lo cual se sienta libre de actuar como sea o que la amabilidad es debilidad o cursilería, como en todo, siempre hay un margen de error residual, e incluso es mejor que así sea, porque nos permite por oposición ajustar nuestra actuación.

Después de todo, el mayor argumento sobre la pertinencia de ello, es la situación actual, que lejos está de poder considerarse como tersa, naciendo de aquí la necesidad por hacer de las relaciones algo más cordial.

La amabilidad en tiempos de escasez nos aprovisiona, de confianza en uno mismo y en el mundo entero, porque cada gesto positivo nos recuerda, que no todo está perdido y que siguen existiendo motivos para seguir luchando y estar vivos.

sotelo27@me.com





domingo, 25 de octubre de 2015

Más allá de la #Bicicleta #Cultural

Lo que en principio puede ser una buena idea, podría terminar repitiendo los vicios de aquellas de entre las que surge para cuestionar, destino en el que suelen terminar todas las tendencias contraculturales de nuestra época, de la que no escapa el uso de la bicicleta hoy en boga.

En principio debo confesar ser un usuario cotidiano de ella, no con propósitos competitivos, ni de convivencia social, no soy miembro de ninguno de los contingentes de ciclistas que ruedan por las avenidas, pese haber sido invitado.
De momento no es de mi interés participar.

En mi caso, incursionar en el uso de la bicicleta viene dado por necesidad, una lesión en el talón de Aquiles, me impedía salir a correr todos los días y en tanto me recuperaba, derive al uso de la bicicleta como una alternativa práctica de deporte y así decidí ir a comprar una.

La primera impresión al hacerlo fue de sorpresa, la practicidad a la que asociaba todo lo relativo a la bicicleta, se vio empañada por el abrumador universo de sus modelos y de sus precios que oscilaban de los 2 mil, hasta los cien mil pesos!!!

En este punto me vi confrontado a una primera dificultad ¿que bicicleta comprar?

Me considero una persona competitiva, pero no al grado de poder ganar el tour de Francia o la vuelta de España, aunado a mis modestos objetivos; solo pretendía salir a sudar y divertirme recorriendo la ciudad, por lo cual resultó fácil sobreponerme al shock de la variedad y opte por comprar la más barata.

En este punto, la convivencia con otros usuarios de la bicicleta fue inevitable y pasó "lo que tenía que pasar", las comparaciones no se hicieron esperar ¿que marca es tu bicicleta? ¿Es de aluminio? ¿Usas luces de led?¿Cuantas velocidades tiene? ¿Usa frenos de disco? ¿Cuánto te costó? Etc.

Me di cuenta que la respuesta a esta última interrogante, configuraba, en el rostro de mis interlocutores cierto gesto de reprobación, cuando no de burla, como ya expuse, mis motivaciones se inclinaban más a lo recreacional que a lo competitivo, por eso me resultaba absurdo, gastar decenas de miles de pesos en una bicicleta, que me daría igual servicio que otra que también fuera de dos ruedas, pero más económica.

Es deplorable que el ciclismo, se impregne con ese aire de irrealidad con que la frivolidad dota a todas las cosas que toca, haciendo de la imagen su idea reguladora. El uso de la bicicleta lo asocio a cierta simplicidad, por eso me parece un desastre el estrés que provoca la ansiedad que genera esa competitividad, no deportiva, sino social, medida, en términos de marcas y precios y no de rendimiento.

Esta superficialidad, acarrea una contradicción con respecto a una cualidad atribuida al uso de la bicicleta, que es la de ser ecológica, considere esto, el dispararse el consumo de bicicletas y accesorios, como consecuencia de esa carrera por la distinción cuyo blanco es el status social, implica mayor producción industrial y con ello, mayor generación de contaminación y basura, lo que revela, la real falta de reflexión y compromiso por hacer de esta una sociedad mejor.

Por otro lado, existe ya un creciente malestar mutuamente profesado entre automovilistas y ciclistas, quienes reclaman con igual narcisismo él uso de la ciudad, tanto los reclamos de algunos ciclistas, como los de los automovilistas, carecen de perspectiva de ciudad, y obedecen por igual a la intolerancia y a caprichos individualistas.

Al respecto, las autoridades tampoco han sabido que hacer, han reaccionado con lentitud y falta de imaginación, se habla de aplicar un impuesto a los usuarios de bicicletas o de echar más cemento a la ciudad, mediante la construcción de ciclovías.

Un profesional del urbanismo me comentaba que estos problemas se solucionarían, mediante una planificación que reordene e innove la ciudad, y en cuyos planes por supuesto, el uso de la bicicleta tiene un papel que desempeñar, pero no sólo ella, sino todos los medios de transporte.

Todo lo anterior solo se podrá lograr si logramos priorizar la idea de comunidad, por encima de la oportunidad de lucrar, hay que dejar de pensar que todo lo que es comercial beneficia efectivamente al conjunto de la ciudad, las experiencias históricas nos han enseñado que en realidad, los proyectos urbanos han terminado por beneficiar a unos pocos, que se aprovechan de las condiciones de vida del resto..

sotelo27@me.com




















domingo, 18 de octubre de 2015

Guía para Perplejos.

La lucha de clases con la que Marx interpretaba la evolución de la historia, tal vez no es como él creía, el motor de la historia, pero eso no quita que exista y sea un hecho ¿que si esto es un cliché de tiempos preteritos?, considérese antes la siguiente declaración: "La lucha de clases sigue existiendo, pero la mía va ganando!", Warren Buffet dixit, el segundo hombre más rico del mundo.

Con más rubor que Buffet, responden al marxismo los técnicos del capitalismo, afirmando que Marx, partió de un supuesto falso, ya que no es el esfuerzo devengado por el trabajador lo que valoriza los objetos por él producidos sino, el valor marginal de utilidad de las mercancías, es decir las preferencias del consumidor.

No obstante, hemos visto como el libre mercado, sin regulación alguna, ha derivado en la formación de grandes monopolios, que terminan por controlar el mercado y con ello, los precios, en este punto prescindamos inclusive, de la teoría del valor objetiva de Marx, y recordemos su consideración de que a la larga, el capitalismo genera desigualdad, si no ya, en la producción, si en el consumo, debido al poder dominante que adquieren los monopolios.

Añadamos a lo anterior, que hasta bien entrado el capitalismo como modo de producción, los trabajadores carecían de protección social, salud, salarios dignos etc., es decir, desde la acumulación primitiva del capital siglos XV-XVI, hasta finales del siglo XIX, la riqueza acumulada se nutrió de la míseria del trabajador.

Incluso en nuestros días, fenómenos como los monopolios y los bajos sueldos nos siguen afectando, mientras otros a partir de estas distorsiones, han visto acumular descomunalmente su riqueza, ¿como se explica esto?, lo menos que se podría admitir es que  Marx, no estaba del todo equivocado.

Paradójicamente, quienes escarnecen a Marx, llamándolo el profeta de la modernidad, le reprochan el no haber acertado en todas sus predicciones; por descontado es, que no se está obligado en aceptar todo en bloque el pensamiento de Marx, sería absurdo, sin embargo no deja de tener elementos valiosos e iluminadores sobre ciertos hechos del mundo.

Los defensores del libre mercado, en oposición al marxismo, gustan de las metáforas naturalistas para justificar un producto artificialmente creado como lo es, el libre mercado, para ello, homologan al accionar ordenado y eficaz de una colonia de hormigas, con lo que sería la esencia del libre mercado que no requiere de una conciencia que la trascienda para operar.

Segun esta profiláctica interpretación, el libre mercado auto regulado y sin intervención del estado funcionaria igual, sin embargo, de momento y hasta donde sabemos, a las hormigas no las mueve el deseo, la codicia o el ansía de reconocimiento social, como a los humanos, de ahí que la diferencia entre una colonia de hormigas y las sociedades humanas se expresan  en las distorsiones que estas inclinaciones producen al conjunto de la sociedad.

Para el neoliberalismo, a diferencia de Marx, las crisis recurrentes y sus efectos sobre las vidas de las personas, no justifica la intervención del estado, aunque sea solo con el propósito de ser un paraguas en medio de la tempestad, argumentan que hay que ser "objetivos", el libre mercado acarrea mayores beneficios que perjuicios, el problema de este tipo de “objetividad”, es que solo puede ser reivindicada por quienes se hayan fueran de los supuestos a los que va dirigido el juicio "objetivo", de aquí que resulte más fácil hacer un juicio "desapasionado" y "racional" si uno no está a punto de ser lanzado de su propiedad.

Cuando se piensa en una alternativa al capitalismo, suele considerarse que se pretende abolir el intercambio de mercancías, lo cual es equivocado, después de todo, el comercio ha existido a lo largo de miles de años de historia de la humanidad, de lo que hablo Karl Marx, cuando de superar el capitalismo se refería, no era volver a las formas arcaicas de intercambio, sino aprovechar el estadio de desarrollo del capitalismo, y a partir de ahí, hacer evolucionar a la sociedad.

Frente a  la idea de una sociedad mas igualitaria, se reacciona virulentamente, con el pretexto  de atacar a la libertad, pero seamos honestos, al neoliberalismo, lo que menos le importa es la "Libertad", per se, como si el derecho a la propiedad privada, después de todo qué caso tendría acumular capital, si no se tiene la exclusividad sobre él.

Existe algún consenso de que no puede existir libertad, cuando se limitan exteriormente y de antemano nuestras opciones, la libertad sólo existe, cuando se garantiza el libre desarrollo de todas nuestras facultades y capacidades, cuando se eliminan las barreras que impiden nuestro desarrollo, a través de la educación, salud, alimentación, y en este caso, la liberación y/o privatización de estos servicios, abre una brecha entre quienes pueden y no pueden pagar por ellos, con las consabidas consecuencias en la generación de desigualdad social.

En resumen, ya sea por cultura o simple curiosidad, la obra de Karl Marx, es una lectura imprescindible si queremos entender la evolución de una parte de la historia de la humanidad en los últimos 150 años.

Sotelo27@me.com






domingo, 27 de septiembre de 2015

Guía para Perplejos.

Guía para Perplejos.
Primera Parte.

En cierta ocasión fui invitado a dar una plática a  Instituto Tecnológico de Monterrey, sobre la idea de la izquierda en la actualidad, como era natural, me pareció necesario mencionar algunos conceptos de Karl Marx, cuando para mi sorpresa, abruptamente fui interrumpido por el profesor anfitrión, quien sumariamente calificó la teoría marxista como llena de mistificaciones, cancelando en ese momento la discusión sobre el tema.

Más lamentable que esta arbitraria irrupción, me pareció la notoria ignorancia sobre la teoría Marxista, ignorancia que nutre el prejuicio sobre el tema y más cuando proviene de personas con cierto nivel y responsabilidad académica.

Recientemente un amigo me comentaba, que estando leyendo el libro El Capital en el Siglo XXI de Thomas Piketty, una persona se le acercó y le dio a entender que la obra "estaba sesgada" por ser marxista, casos como los anteriores existen ad-nauseam, lo irónico es que muy probablemente estas personas, jamás hayan leído a Marx y solo se conforman con interpretaciones de segunda mano.

Con frecuencia mayor a lo deseable, se lanzan descalificaciones sin rigor histórico, técnica, ni sentido filosófico cuando de formas de organización político y económica se trata.

Se dice del socialismo, que es hacer pobres a los ricos y el capitalismo ricos a los pobres y sobre tales errores se construye todo un discurso político, que solo enrarece al debate mismo.

En realidad, el socialismo, ni el capitalismo es lo uno, ni lo otro, porque parten de visiones de diferentes, podrían converger, pero desde hace más de cuarenta años, los sectores más recalcitrantes pro-libre mercado, han agudizado los rasgos de este nuevo tipo de capitalismo que experimenta el mundo.

Claro, en la actualidad es tal la naturaleza salvaje del capitalismo neoliberal, que sus defensores prefiere recurrir a la imagen romántica que de él tienen, esa hecha de la lucha que el capitalismo dio en sus orígenes contra el antiguo orden feudal.

En sus comienzos el capitalismo se caracterizó por recompensar en cierta medida, la innovación y el esfuerzo de las ascendentes clases burguesas, la consigna de libertad e igualdad, fueron de utilidad para legitimar sus ansias de hegemonía frente al orden feudal.

Sin embargo, una vez sobrevino la eclosión de aquel y las clases burguesas tomaron su posición en la pirámide social, estas se parapetaron en su sitio y desde entonces han detenido toda amenaza a su situación de privilegio, osificandose tal y como lo hiciera el desplazado orden social que el mismo capitalismo  habían desplazado.

En ese contexto es que surge la Critica a la Economía Política (Kritik der Politischen Ökonomie)  y El Capital (Das Kapital) ambos de Karl Marx, siendo ciertos en aquel entonces, lo son aún más para el caso del capitalismo actual, con la diferencia entre ambos tipos de capitalismo, en que el de hoy, no se orienta a producir objetos, financiar infraestructura o innovaciones tecnológicas, sino que se reinvierte en el sistema financiero y sólo produce papel.

Antes de tratar la crítica marxista al capitalismo, hay que tener presente el ambiente filosófico que forjó el pensamiento de Marx, aunque sea muy brevemente.

Si consideramos lo que fue la filosofía alemana de finales del siglo XVIII y la primera mitad del XIX, podremos observar que el esquema de exposición de los sistemas filosóficos de entonces, (incluso el Kantiano), por lo general se dividía en dos partes, una descriptiva de la realidad y otra prescriptiva.

Marx no fue ajeno a este método de exposición y en su pensamiento podemos encontrar este tipo de clasificación en sus ideas, a partir de lo anterior, resulta obviamente inconducente reducir como comúnmente se ha hecho, todo el pensamiento de Marx a su esfera prescriptiva, es decir, lo que constituye su metafísica o visión profética como le gusta llamarla a sus malquerientes, haciendo a un lado lo más valioso y perspicaz del marxismo, su exacta descripción del funcionamiento del capitalismo y sus efectos sobre la humanidad sujeta a él.

En la próxima entrega, trataré de exponer brevemente algunas de las teorías de Karl Marx, derivadas de su esfera descriptiva, dejando al lector la posibilidad de sacar sus propias conclusiones de lo cierto o no que pueden ser las mismas, haciendo lo posible por despejar la bruma interesada que oscurece la comprensión de la obra marxista.

sotelo27@me.com





domingo, 20 de septiembre de 2015

Ciudades Humanas.

Los días 5 y 6 de Septiembre del año en curso,  se llevaron  a cabo, un ciclo de conferencias en la Facultad de Arquitectura de la UAT, con el propósito de exponer la necesidad de reconsiderar los criterios con los que se ha venido conduciendo el desarrollo urbano de la zona.

Si bien es cierto, este tipo de preocupaciones en los países desarrollados, lleva años que dejó de ser proyecto, para volverse realidad, no deja de ser grato, que se empiecen a dar este tipo de discusiones, ya que nos conectan, con los grandes temas del desarrollo humano en el mundo, 

Se propuso una estrategia de movilidad urbana sustentable (EMUS), el  origen del concepto, tiene su raíz en la denominada democracia urbana, cuyo eje gira en torno al derecho común al espacio público que involucra desde el acceso gratuito a todos los bienes y servicios públicos, el  impulso de una nueva pedagogía que estimule el uso de vías alternativas de transporte al automóvil, hasta consultas ciudadanas para el caso de proyectos de interés público etc.

Tradicional y erróneamente, solemos considerar las calles y avenidas, como de uso exclusivo de los vehículos automotor, cuando en realidad esto no es cierto y precisamente en ello radica el énfasis innovador del concepto de democracia urbana, en nuestra calidad de ciudadanos, todos tenemos derecho al uso de las vías públicas, independientemente del medio de transporte que utilicemos, pero no solo eso, este derecho de uso implica además, la adecuación para cada tipo de uso, peatonal, bicicleta etc,.

En este sentido, resulta revelador conocer que, el 67% de la población de la zona metropolitana (Tampico,  Madero y Altamira) usa transporte público, del cual un 47 % se encuentra en deplorables condiciones, pese a ello, de 2011 a 2013, el presupuesto destinado a desarrollo urbano se repartió de la siguiente forma, un 23 % se destinó a movilidad urbana sustentable, frente a un 77 % en ampliación y mantenimiento de las vías tradicionales.

Ante este problema, algunos profesionales de la urbanización, han imaginado la posibilidad de construir un tren urbano a lo largo de la Avenida Hidalgo, como el que ya existía en la ciudad, hace muchas décadas, otros, considerando los costos hundidos de un proyecto de tal envergadura, lo que representaría un obstáculo para la implementación de una agenda de movilidad urbana, han propuesto en su lugar, un metrobús, como el que ya funciona en el Distrito Federal..

Por otro parte, durante  años, la bicicleta padeció el prejuicio clasista, que la asociaba a las clases sociales de más bajos recursos, postergando la posibilidad de que ocupará un papel más relevante como medio de transporte,  afortunadamente hoy esa idea, empieza a ceder el paso a otra que antepone, sus ventajas de sustentabilidad y de salud pública.

Evidentemente, el tema del uso de la bicicleta como medio de transporte, no solo involucra la habilitación de infraestructura, sino también su regulación, así como un cambio de actitud en los conductores de los vehículos automotor, sin embargo a la larga, las dificultades en la implementación de este tipo de políticas palidecen con respecto a los beneficios sociales que reportan.

Una de las peculiaridades de este tipo de agendas, es el giro en el orden de las prioridades, si antes, los grandes proyectos urbanos, absorbían el interés, ahora se pone el acento, en aquello, que puede proporcionar experiencias de vida reconfortantes, parques, jardines, ciclovias, paisajes etc,.

Está claro, que un hábitat más sano y amable contribuye de manera decisiva en el mejoramiento de la vida en sociedad, ya que permite desarrollar sentimientos de comunidad y establecer lazos de solidaridad y corresponsabilidad en la toma de riesgos y decisiones.

No obstante, uno de los mayores peligros de este tipo de proyectos urbanos, es la tendencia de hacer privado lo publico, en buscar el rendimiento económico, antes que el confort de los ciudadanos, el cambio de paradigma estribaría en devolverle su dimensión de Ciudad a las ciudades, en dejar de definir proyectos en función de criterios comerciales.

Por eso resulta fundamental que se introduzca la figura de la consulta ciudadana y el de moratoria a la hora de definir los planes de desarrollo urbano, después de todo y no es lo de menos, las ciudades son de todos y no puede puede sujetarse su planeación a criterios que riña, dificulte o vuelva hostil el sitio donde tiene  lugar toda nuestra existencia.

sotelo27@me.com






























domingo, 13 de septiembre de 2015

El valor de la #Utopia

Cotidianamente tenemos noticia de toda suerte de hechos indeseables, en sucesión inagotable somos testigos de eventos que desafían nuestra capacidad de comprensión y nos empujan a cuestionarnos si son, el rasgo que define a nuestra civilización.

A lo desafortunado de esta situación se suma, la incapacidad o renuncia por pensar un mundo mejor. Desde existencialistas a postmodernistas, el tono del discurso se ancló, en un dejo de resignación.

Se dejo de pensar en términos de un mundo ideal, que sirvieran de guía y de aspiración edificante y se nos ofreció la descripción detallada de la realidad, como bálsamo ante la frustración.

De a poco en poco, la angustia y la incertidumbre, fue ganando terreno, al confinarse la existencia en lo inmediato y negando la posibilidad de que el pensamiento apunte hacia algo más allá de su presente, se nos instaló en la desesperación.

Con frecuencia mayor a lo conveniente, se da un  rechazo a todo intento de trascender y acceder aunque sea solo con la imaginación,  a una sociedad mejor, se argumenta la imposibilidad de toda utopía, lo que a provocado, que nuestra sociedad entre en una decadencia mayor.

Porque una sociedad que limita sus posibilidades al mundo de los hechos que son, termina por reproducir copias de la copia de un mundo, ya de por si imperfecto, y el resultado no puede ser otro que la degradación progresiva de todos los valores humanos.

El valor de la utopía, no reside en las posibilidades de su materialización, porque como una idea perfecta, no existe en ningún lado, ni en ningún tiempo, sino en proporcionarnos las coordenadas para hallar el camino de nuestra evolución, en hacer lugar a lo posible y de esta forma reajustar constantemente el universo de la humanidad.

La Utopía en el mundo del hombre es una idea reguladora, que por estar por encima de sus posibilidades, nos obliga a esforzarnos a ser mejor, cumple el papel de ser una idea funcional, importante más por lo que hace  en los hombres, que por lo que como conjunto de ideas es.

En la base de la República de Platón y la Utopía de Thomas Moro, cuyos relatos giran en torno a una sociedad comunista, lo fundamental no es el modo en que se distribuyen las cosas, sino los lazos de fraternidad y solidaridad que lo posibilita, ese sería un modelo al que todos deberíamos aspirar, una sociedad en armonía, donde lo importante es la vida del hombre y no sus bienes.

Si queremos cambiar nuestro mundo, debemos empezar por hacernos una exigencia mayor y obligarnos a trabajar como si lo inverosímil fuera posible, el cinismo disfrazado del falso realismo, el oportunismo, convertido en filosofía del vencedor, nos ha colocado en una penosa situación.

En realidad, poco interesa si algún día llegaremos a vivir en una sociedad ideal en el que lo material y la posición social no importe, lo fundamental es lo que hoy, estas ideas pueden hacer para mejorar nuestra convivencia social.

Por eso no  preocupa convencer a los que con cinismo nos condenan a la mediocridad, porque tenemos la convicción de que, una sociedad más justa, equitativa y tolerante siempre es mejor a una que no lo sea.

sotelo27@me.com