Los días 5 y 6 de Septiembre del año en curso, se llevaron a cabo, un ciclo de conferencias en la Facultad de Arquitectura de la UAT, con el propósito de exponer la necesidad de reconsiderar los criterios con los que se ha venido conduciendo el desarrollo urbano de la zona.
Si bien es cierto, este tipo de preocupaciones en los países desarrollados, lleva años que dejó de ser proyecto, para volverse realidad, no deja de ser grato, que se empiecen a dar este tipo de discusiones, ya que nos conectan, con los grandes temas del desarrollo humano en el mundo,
Se propuso una estrategia de movilidad urbana sustentable (EMUS), el origen del concepto, tiene su raíz en la denominada democracia urbana, cuyo eje gira en torno al derecho común al espacio público que involucra desde el acceso gratuito a todos los bienes y servicios públicos, el impulso de una nueva pedagogía que estimule el uso de vías alternativas de transporte al automóvil, hasta consultas ciudadanas para el caso de proyectos de interés público etc.
Tradicional y erróneamente, solemos considerar las calles y avenidas, como de uso exclusivo de los vehículos automotor, cuando en realidad esto no es cierto y precisamente en ello radica el énfasis innovador del concepto de democracia urbana, en nuestra calidad de ciudadanos, todos tenemos derecho al uso de las vías públicas, independientemente del medio de transporte que utilicemos, pero no solo eso, este derecho de uso implica además, la adecuación para cada tipo de uso, peatonal, bicicleta etc,.
En este sentido, resulta revelador conocer que, el 67% de la población de la zona metropolitana (Tampico, Madero y Altamira) usa transporte público, del cual un 47 % se encuentra en deplorables condiciones, pese a ello, de 2011 a 2013, el presupuesto destinado a desarrollo urbano se repartió de la siguiente forma, un 23 % se destinó a movilidad urbana sustentable, frente a un 77 % en ampliación y mantenimiento de las vías tradicionales.
Ante este problema, algunos profesionales de la urbanización, han imaginado la posibilidad de construir un tren urbano a lo largo de la Avenida Hidalgo, como el que ya existía en la ciudad, hace muchas décadas, otros, considerando los costos hundidos de un proyecto de tal envergadura, lo que representaría un obstáculo para la implementación de una agenda de movilidad urbana, han propuesto en su lugar, un metrobús, como el que ya funciona en el Distrito Federal..
Por otro parte, durante años, la bicicleta padeció el prejuicio clasista, que la asociaba a las clases sociales de más bajos recursos, postergando la posibilidad de que ocupará un papel más relevante como medio de transporte, afortunadamente hoy esa idea, empieza a ceder el paso a otra que antepone, sus ventajas de sustentabilidad y de salud pública.
Evidentemente, el tema del uso de la bicicleta como medio de transporte, no solo involucra la habilitación de infraestructura, sino también su regulación, así como un cambio de actitud en los conductores de los vehículos automotor, sin embargo a la larga, las dificultades en la implementación de este tipo de políticas palidecen con respecto a los beneficios sociales que reportan.
Una de las peculiaridades de este tipo de agendas, es el giro en el orden de las prioridades, si antes, los grandes proyectos urbanos, absorbían el interés, ahora se pone el acento, en aquello, que puede proporcionar experiencias de vida reconfortantes, parques, jardines, ciclovias, paisajes etc,.
Está claro, que un hábitat más sano y amable contribuye de manera decisiva en el mejoramiento de la vida en sociedad, ya que permite desarrollar sentimientos de comunidad y establecer lazos de solidaridad y corresponsabilidad en la toma de riesgos y decisiones.
No obstante, uno de los mayores peligros de este tipo de proyectos urbanos, es la tendencia de hacer privado lo publico, en buscar el rendimiento económico, antes que el confort de los ciudadanos, el cambio de paradigma estribaría en devolverle su dimensión de Ciudad a las ciudades, en dejar de definir proyectos en función de criterios comerciales.
Por eso resulta fundamental que se introduzca la figura de la consulta ciudadana y el de moratoria a la hora de definir los planes de desarrollo urbano, después de todo y no es lo de menos, las ciudades son de todos y no puede puede sujetarse su planeación a criterios que riña, dificulte o vuelva hostil el sitio donde tiene lugar toda nuestra existencia.
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