En sus albores, el programa de la modernidad, fue definido por Francis Bacon, con la frase "El saber, es poder", desde entonces, la generación de conocimiento, ha estado supeditado, a la consecución de resultados prácticos.
Con los descubrimientos en física, matemáticas y otros, se desterró, las explicaciones míticas y supersticiosas, de esta forma el hombre, al poder medir, pesar y calcular con un grado de precisión y predicción sin precedentes, creyó poder resolver sus problemas, anticipando hipotéticamente sus soluciones, manipulado las situaciones.
Persuadidos como estaban, del poder de las ciencias exactas, confiaron en que, adoptando el programa de investigación adecuado a los hechos de la vida del hombre, se podría acceder a un conocimiento cierto y total de este.
Entraba así la modernidad, en una etapa de fetichización de las ciencias exactas, sin embargo, tan luego se introducían dentro de los marcos de referencia de los programas de investigación copiados de las ciencias exactas, los hechos humanos, estos arrojaban resultados erráticos o incluso abiertamente contrarios a los esperados.
Tal es el caso de los grandes sistemas filosóficos que, intentaron adoptar la estructura de los programas de investigación de las ciencias exactas como el de Descartes, Leibniz, Spinoza, e incluso Kant, todos ellos, recurrieron desde la geometría, hasta la física newtoniana, para intentar dotar al hombre de las herramientas para el dominio del mundo y su persona.
En realidad, no se puede decir que fallaran en absoluto estas pretensiones, sino que el grado de conocimiento de los actos de los hombres, en el mejor de los casos siempre fue aproximado y nunca rotundamente exacto.
Pese a que, la experiencia histórica, ya había mostrado el fracaso de aquellas pretensiones de un saber, que buscaba reducir a un lenguaje abstracto (lógico y matemáticas), el universo de toda la realidad humana, hubo que esperar hasta el siglo XX, para demostrar también la incompletitud de la de la lógica y las matemáticas, gracias a la paradoja de la teoría de conjuntos de Russell y al teorema de incompletitud de Godel.
Pero incluso, aun cuando ha quedado demostrado la imposibilidad de demostración verdadera, de todas las proposiciones, desde adentro de un mismo sistema de axiomas dado, se insiste en lo contrario y peor aún, se ha extendido la aplicación de axiomas abstractos y deterministas, a los hechos de la vida humana, soslayando el carácter esencialmente libre de estos, utilizando la cama de procusto, a la hora de explicar, planificar y determinar necesidades y satisfacciones de los seres humanos.
Tal es el caso de la ortodoxia económica neoliberal por ejemplo, que basa sus recetas económicas, sin tomar en cuenta otros datos de la experiencia, cegados por la aparente exactitud de la arquitectura matemática de sus modelos económicos.
Podríamos caracterizar este periodo de nuestra civilización, como padeciendo la suerte del Narciso, de la mitología griega, quien seducido por su propio reflejo en el lago, se precipitó en las profundidad abisales de su imaginación, el economista contemporáneo, auténtico planificador de nuestro tiempo, enamorado de los logros de las ciencias exactas, ha perdido de vista el contexto histórico en el que se desenvuelve y eso lo ha precipitado muchas veces en el error.
Par Isaiah Berlín, el filósofo liberal más importante del siglo XX, "La compleja naturaleza de las sociedades modernas, a la hora de establecer y ordenar las necesidades humanas estriba en la imposibilidad de que el mercado pueda determinar de antemano estas.
Sostiene Berlín, "La planificación mas benévola-no ya la que se establece desde el estado sino la que se diseña por organismos internacionales de cooperación-tiende a minimizar-sino a suprimir- las necesidades que no se incluyan en sus supuestos o no pueden satisfacerse desde ellos (justicia distributiva); el resultado puede llegar a ser la desautorización aun de la discusión sobre ciertas necesidades, sentidas, sí, pero que el sistema no parecen contemplar".
Afortunadamente está emergiendo, una nueva clase de economistas, que considera su ciencia, no como la ciencia suprema de las ciencias sociales, sino como una más, dentro del amplio campo de las ciencias sociales y buscan, desde el enfoque interdisciplinario, ofrecer soluciones en beneficio del conjunto de la humanidad, y no ya, solo planes de negocios para una selecta minoría de la sociedad.
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