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domingo, 7 de junio de 2015

El Criterio de Verdad.

En la historia de la Filosofía, la búsqueda de la verdad ha estado asociada mas que a la posesión de una gran afirmación, al descubrimiento de un método de investigación.

Con la generalización de la especialización de las ciencias, la búsqueda de la verdad en la Filosofía de Inglaterra, que siempre se había mostrado refractaria de las corrientes de pensamiento de cuño metafísico, quedo confinada, al estudio de la vinculación estructural del lenguaje con el mundo.

Desde el enfoque de la filosofía analítica (Russell, Wittgenstein) y Neopositivista del Círculo de Viena (Schlick, Carnap, Goddel), la verdad o falsedad no descansa en los hechos, sino en el significado de las proposiciones que construimos para referirnos a ellos.

Por ejemplo, analizando bajo el anterior criterio de verdad la siguiente frase que, en más de una ocasión, habremos escuchado, "nadie posee la verdad absoluta", no daremos cuenta de lo cierto de esto.

Si la verdad es la correspondencia o coherencia de lo afirmado con un hecho de la experiencia, hablar de verdades absolutas, carece de sentido, porque la experiencia de lo absoluto, queda más allá del campo de la sensibilidad humana, no existiendo una realidad a la que ataña tal hecho.

Pero contrario a los filósofos analíticos y neopositivistas, los filósofos idealistas de la filosofía alemana, mantenían la convicción, de que ya fuera por la intuición, o por la razón, se podía acceder a la realidad de la verdad  absoluta.

Con el mayor de los respetos, solo reservaban el uso de esta categoría, a la verdad mas alta o primera causa, nunca para referirse a cuestiones triviales o secundarias, esto porque las proposiciones del idealismo de tipo monista, no solo poseen consecuencias lógicas, sino también ontológicas, es decir, afirman como es en sí el Universo, no solo lo describen paralelamente a él.
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Por ejemplo, Hegel creyó dar con la verdad absoluta, bajo la forma de un proceso infinito de autodeterminación y de autoconciencia en lo absoluto (Universo), lo que le lleva afirmar "Lo Verdadero es el Todo!", conclusión que es consecuencia de reducir toda la experiencia a las operaciones de la conciencia.

A finales del siglo XIX y bajo la influencia del pragmatismo de J. S. Peirce, William James, sostenía que la verdad vive "en gran medida apoyada en un sistema de crédito".

Actualmente existe un sistema de inferencias lógicas establecido, que nos permite formular proposiciones  objetivas del mundo, pero tal vez mañana exista otro, que no necesariamente niegue el presente sino que lo profundice y complemente, como fue el paso de la física newtoniana a la de Einstein.

Ciertamente el campo de las definiciones de lo que es la verdad, sigue siendo un terreno en constante evolución, mas no es incierto, a medida que nuestro conocimiento del mundo progresa, los paradigmas bajo los cuales lo entendemos van cambiando.

Esto no significa que la verdad sea relativa, si por tal entendemos que queda sujeta al capricho personal o de una valoración subjetiva.

Las proposiciones que afirman o niegan un hecho, son falsas o verdaderas dentro de su marco de referencia, y solamente son relativas, porque al tener el conocimiento como fin, el conocimiento total de las cosas del mundo, en relación a tal fin, cualquier conocimiento parcial de la realidad es relativo, no por su verdad o falsedad, sino en tanto es, solo un momento antes de alcanzar el conocimiento absoluto, Bradley dixit.

Imposible dar una definición de una vez y para siempre de lo que es Verdad, en lo personal, me gusta pensar en la verdad como análoga a lo que es la función matemática, una relación dinámica dentro de un marco definido entre antecedente y consecuente, sin negar, el hecho de que a veces el uso de la intuición, incluso hasta el sentimiento, pueden ser correctos.

sotelo27@me.com 





domingo, 19 de abril de 2015

El Fin del Homo Sapiens

El Ocaso del Homo Sapiens.
La más perenne interrogante, que se ha formulado la antropología, tiene que ver con saber, qué es aquello, que nos hace esencialmente humanos; solemos contestar, que es, la inteligencia; sin embargo, esta respuesta, introduce un nuevo problema y nos remite a la necesidad de definir qué entendemos por inteligencia, si respondemos que, por inteligencia hablamos, de aquella capacidad para comprender y resolver problemas, existe evidencia de que, en algunos animales, esta presente está; por otra parte, el concepto inteligencia, es un término compuesto de otros tantos conceptos, su significado es algo disperso y lo que pretende la Antropología, al interrogarse, es dar con el elemento primero, que soporta y distingue nuestra inherencia.

De todos los seres vivos sobre la tierra, sólo los humanos, han podido hacer una distinción práctica de su ser, con respecto al de la naturaleza, han creado una dimensión simbólica respecto de aquella, es decir cultura; pero esto no siempre fue así, perdido en la oscuridad de un pasado remoto, hubo un tiempo, en el que, el hombre, se fundía en unidad solidaria con la naturaleza, no reivindicando un lugar privilegiado en la escala de la evolución, manteniéndose vinculado, por un sentimiento de vida con su entorno.

No fue, sino hasta que, el hombre realizó, los primeros progresos en la edificación del conocimiento que, al sentimiento de solidaridad con la naturaleza, le sucedió el deseo por dominarla; para el neokantiano Ernst Cassirer, el hombre primitivo, por ejemplo, era incapaz de concebir la idea de un espacio geométrico, en él, el espacio tenía connotaciones egocéntricas, se hallaba unido de manera concreta a él, era el lugar donde tenía sitio simplemente su acción, no sentía la necesidad de representarlo esquemáticamente por medio de axiomas, esto solo fue posible por vez primera, aunque de manera rudimentaria, en la astronomía Babilónica, en ella, nos dice Cassirer, "encontramos la prueba definitiva de un pensamiento que trasciende la esfera de la vida práctica y concreta del hombre, al tratar de abarcar el universo entero, en una visión comprehensiva".

De igual forma sucede respecto al tiempo, el hombre primitivo, vivía en unidad viva en él, el momento de su nacimiento, marcaba el propósito de su vida, ya que determinaba de una vez y para siempre, su lugar en la sociedad, ya sea, para ser rey o esclavo; sólo, cuando la dimensión de futuro se hace presente, por virtud de la capacidad de abstracción, que proyecta, el tiempo mas allá del presente, es que fenómenos como la muerte, adquieren un carácter dramáticamente contemporáneo, es así, que Heidegger puede decir lo siguiente "Los hombres mueren, los animales simplemente cesan, la muerte es la posibilidad vivida de que ya no haya más posibilidad para mí, es la posibilidad de que mi mismo ser sea imposible; nuestra vida es un entre, y los extremos, la nada del antes y la nada del después no nos pertenecen".

La capacidad de abstraer y representar, desde su origen, han formado parte del equipamiento intelectual del Hombre; si bien, en etapas primitivas, se mantuvo dormida, una vez despierta, ha sido la causa de su acelerado progreso, facilitando el manejo de datos inmensos, que de otra forma, sería imposible, pensemos por ejemplo, en el concepto de  UA  (Unidad Astronómica, que es igual a 149 597 870 700 metros,  correspondientes aproximadamente, a la distancia media entre el planeta Tierra y el Sol), el cual, ha resultado de gran utilidad, para la realización de los viajes espaciales o medir la distancia de la tierra con respecto a otras estrellas; en la lógica, en literatura y en la filosofía vemos también, la importancia de su uso; en La Fenomenología del Espíritu, Hegel, puede reconstruir, en unos cientos de páginas, toda la historia de la humanidad a través de la experiencia de la conciencia, y esto solo gracias a que, Hegel, recorre de concepto  en concepto, toda la vida del saber absoluto, gracias, a su poderosa capacidad de abstracción, que le facilita plasmar en un solo término, vastas regiones del pensamiento. 

Pero por absurdo que parezca, el desarrollo tecnológico del hombre, ha incubado en su seno, el huevo de la serpiente, innovaciones como la Televisión, Facebook e internet en general, están permutando la naturaleza del homo sapiens, en otra llamada por Sartori como homo Videns; habitamos un mundo, en donde la imagen sea enseñoreado sobre la palabra, atrofiando por desuso, nuestra capacidad simbólica, lo que para Baudrillard ha acarreado, el paradójico efecto de que, en lugar de transformar la masa en energía (E= mc^2), se produzca más masa.

En el reino de la imagen, la angustia es persistente, el sentimiento de impotencia, por no poder penetrar el velo de irrealidad que cubre al mundo concreto, es causa de ansiedad, en quienes la experimentan; consciente de lo anterior, la Televisión a recurrido a los Reality Shows, para hacer sentir en el espectador un elemento de realidad, que palie la soledad, producto de su aislamiento.

De lo anterior resulta de suma importancia, fomentar la lectura, no existe mejor y más accesible ejercicio, para mantenernos dueños de nuestras ideas y pensamientos, que por medio del cultivo constante del hábito de la lectura, la tortura que sufren muchos, a la hora de leer, es síntoma del deterioro de nuestra capacidad simbólica, ya que la palabra, es el signo de la abstracción, por excelencia.

sotelo27@me.com